OTRAS PALABRAS

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Discurso de Agradecimiento

DISCURSO DE AGRADECIMIENTO

DE LOS

PREMIOS REGIONALES DE ARTE Y CULTURA 2011
Casa del Arte, Universidad de Concepción, martes 6 de diciembre de 2011.

 

por Tulio Mendoza Belio

Academia Chilena de la Lengua

Premio Municipal de Arte de la Ciudad de Concepción (2009)



Sr. Víctor Lobos del Fierro

Intendente de la Región del Bío-Bío

Sr. Juan Eduardo King

Director Regional del Consejo de la Cultura y las Artes

Sr. Sergio Lavanchy Merino

Rector de la Universidad de Concepción

Autoridades presentes, integrantes del jurado, galardonados, amigos, amigas:

 

La entrega de una distinción, de un premio, de un reconocimiento, es un hecho social, cómplice y solidario que se agradece porque nos permite reflexionar sobre su sentido y su significado. Lo que se premia es casi siempre una trayectoria, un camino recorrido, un viaje, una aventura, una invención y el deseo que la ha alentado: tiempo humano con ansias de tiempo divino. Somos, como dice la canción de Eduardo Peralta, "una flecha dirigida al corazón del cielo" y el poeta Fernando González-Urízar, escribe: "Qué somos, Dios, qué somos sino polvo y silencio,/ nube de ciegos pájaros en busca del verano,/ ríos que solitarios se pierden en la muerte,/ podredumbre feliz, belleza desdichada." Sin embargo, como el hecho de haber sido postulados y elegidos es algo que debe alegrarnos, no queremos que la melancolía de la nostalgia nuble y empañe una ocasión única e irrepetible. Y es que, al parecer, uno con los años deviene un devoto de las lágrimas, precisamente por esa tristeza de la pérdida que se torna cada vez más evidente e imposible de evitar. Sólo la entrañable fe en lo que hacemos, sostiene este afán que nos desvela y apasiona.

Si bien es cierto que, como afirma el poeta español Antonio Gamoneda, la poesía no transforma el mundo, el mundo exterior, en un sentido político-pragmático, porque su naturaleza es marginal y no tiene que ver con los discursos del poder, sí trabaja con insistencia y persistencia en esa ánima interna que transforma al individuo, estadio previo para poder ir cambiando esta nefasta sociedad de la diosa mercadotecnia, donde todo se vende, donde todo se compra, donde todo se transa y a increíbles velocidades que alteran el lento tráfico de los días y minan el refugio de la tranquilidad. La poesía opera cambios profundos a nivel individual, generando en quien la conoce, otra mirada de la existencia, otra visión de mundo, otro modo de conocimiento más intuitivo y misterioso, más deslumbrante e inesperado, sorprendente a veces, mostrándonos siempre lo que no vemos, lo que no queremos o no podemos ver.

Los Premios Regionales de Arte y Cultura en sus ocho categorías, fueron afortunadamente concebidos para alejar cada vez más eso tan propio de nosotros y que calificamos irónicamente como “el pago de Chile”. Aquí están, pues, estos galardones que son memoria y presente, futuro y tradición en trayecto de ser algo más, porque como dijo Borges, el docto poeta ciego, “Sólo una cosa no hay. Es el olvido.”

Región de talentos la nuestra: estos premios recuerdan con emoción y justicia a prominentes mujeres y hombres que han sido un verdadero aporte al desarrollo cultural en múltiples ámbitos y  cuya semilla brota en esta geografía de humedades, ahora de cara al Bío-Bío. Baldomero Lillo, Marta Colvin, Tennyson Ferrada, Claudio Arrau, Violeta Parra, Pascual Binimelis, Enrique Molina y Bartolomé Giraudo. Y a estos notables nombres se agregan, año a año, otros nombres que dignifican el arte y la cultura y que, en conjunto, forman esa memoria histórica para las futuras generaciones y son un ejemplo para el presente: los artistas hacen la ciudad, la dignifican, la llenan de vida, de nuevos aires, le otorgan un rostro más verdadero porque, como dice Óscar Hahn: “Ningún lugar está aquí o está ahí/ Todo lugar es proyectado desde adentro/ Todo lugar es superpuesto en el espacio…”

En esta versión las categorías premiadas fueron cuatro: Artes Visuales, Artes Escénicas, Artes Audiovisuales y Artes Literarias: Sandra Santander Montero, escultora; Paola Aste von Bennewitz, bailarina y coreógrafa; Alejandro Fernández Almendras, cineasta; y Tulio Mendoza Belio, poeta. Este 2011, un detalle sentará precedente: todos los galardonados tienen menos de 55 años, lo cual implica que la calidad de la trayectoria puede comprender un tiempo joven, es decir que en un lapso relativamente corto se puede realizar una obra contundente, madura, de excelencia y trascendente. Orhan Pamuk, el Nobel turco, obtuvo el premio a los 54 años y nuestro Raúl Zurita ganó el Nacional de Literatura a los 50.

¿Qué puede haber de común entre estas disciplinas que hoy se premian que no sea la poesía? El escritor mejicano Gabriel Zaid, nos dice que: “La inspiración creadora no sólo hace versos: sopla y lo mueve todo. En ese movimiento, la práctica no es algo estrecho, mecánico y sin misterio, sino creación; y la poesía es práctica: hace más habitable el mundo.”  Y el poeta Octavio Paz señaló que “Una de las funciones cardinales de la poesía (y del Arte agregamos nosotros), es mostrarnos el otro lado de las cosas, lo maravilloso cotidiano: no la irrealidad, sino la prodigiosa realidad del mundo.”  Y Jorge Teillier nos dijo que servía para “superar la avería de lo cotidiano” y que había que “luchar contra el universo que se deshace, no aceptar los valores que no sean poéticos, seguir escuchando el ruiseñor de Keats, que da alegría para siempre.” Por su parte, el maestro Alfonso Reyes, nos dice que “el fin de la creación literaria [...] es iluminar el corazón de los hombres” y nosotros hemos hablado de ella como “un acto de amor y de entrega... de una entrega que tiene que ver con “los espacios no tasables de la felicidad.” ¡Y todavía hay quienes se preguntan para qué sirve la poesía!

Leyendo hace unos pocos días el excelente prólogo de Jaime Concha a la Obra Completa de Baldomero Lillo, editada por la Universidad Alberto Hurtado, pensé en la ya reiterada metáfora de la confrontación de mundos y cómo el arte tiende, paradojalmente, a anular de algún modo dicha contradicción. Por un lado está la realidad, lo cual implica a veces aceptación y otras veces enfrentamiento y, por otra parte, la invención y el deseo de cambiar esa realidad, porque no nos satisface, porque nos hace cada vez más extraños, porque ni nos cumple ni nos sacia como verdaderamente quisiéramos.

He aquí un fragmento de “El Chiflón del Diablo” de Baldomero Lillo:

“…Llamábase María de los Ángeles.

Hija y madre de minero, terribles desgracias la habían envejecido prematuramente. Su marido y dos hijos muertos unos tras otros por los hundimientos y las explosiones del grisú, fueron el tributo que los suyos habían pagado a la insaciable avidez de la mina. Sólo le restaba aquel muchacho por quien su corazón, joven aún, pasaba en continuo sobresalto.

Siempre temerosa de una desgracia, su imaginación no se apartaba un instante de las tinieblas del manto carbonífero que absorbía aquella existencia que era su único bien, el único lazo que la sujetaba a la vida.

¡Cuántas veces en esos instantes de recogimiento había pensado, sin acertar a explicárselo, en el porqué de aquellas odiosas desigualdades humanas que condenaba a los pobres, al mayor número, a sudar sangre para sostener el fausto de la inútil existencia de unos pocos! ¡Y si tan sólo se pudiera vivir sin aquella perpetua zozobra por la suerte de los seres queridos, cuyas vidas eran el precio, tantas veces pagado, del pan de cada día!”

Ese pan cotidiano podría ser también metáfora de la poesía, del arte y que a Gabriela Mistral, le “parece nuevo o como no visto”, ese “pan abierto en un plato,/ que con su cuerpo me reconoce/ y con el mío yo reconozco.” Aparecen, entonces, el poema, la escultura, la danza, la película como necesarios antídotos contra la estupidez humana, espeluznante y macabra tantas veces; injusta, muy injusta tantas otras, dejando al ser humano a la deriva, indefenso, menesteroso…  

Quisiera terminar estas palabras de agradecimiento en nombre de todos los galardonados, invocando y nombrando dos palabras queridas que irradian un sentido y un deseo, una voluntad y un aire de verano. Dos dilectos amigos, ya ausentes, pero que son presencia amada, las repetían como bellas dádivas: la poeta Stella Díaz Varín, la colorina rebelde, pronunciaba con devoción: “Misericordia” y Gilberto Triviños, el lúcido ensayista libertario, decía en voz alta: “Resistencia”. Entre estos dos vocablos hermosos trascurre la vida. Demos gracias por ello.

 

 

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POESÍA: INVENCIÓN Y DESEO. DISCURSO DE INCORPORACIÓN A LA ACADEMIA CHILENA DE LA LENGUA

POESÍA: INVENCIÓN Y DESEO
DISCURSO DE INCORPORACIÓN
A LA ACADEMIA CHILENA DE LA LENGUA
COMO MIEMBRO CORRESPONDIENTE POR CONCEPCIÓN
DEL POETA DON TULIO MENDOZA BELIO
Auditorio Universidad de Concepción
Concepción, viernes 20 de abril de 2007


“A la literatura le pediste placer,
y placer a la vida.”
Del poema “La noche del poeta árabe”
de Luis Antonio de Villena

Señor Director
de la Academia Chilena de la Lengua
don Alfredo Matus Olivier

Honorable Diputado de la República
don José Miguel Ortiz Novoa

Autoridades presentes, distinguidos académicos, poetas, escritores, señoras y señores:

Ha querido la Academia Chilena de la Lengua, Correspondiente de la Real Academia Española e integrante del Instituto de Chile, reconocer con nuestra designación como Miembro Correspondiente por esta ciudad, una vocación y una trayectoria, es decir, ese destino natural del ser humano, esa tendencia que se siente por cierta clase de vida, por una profesión, y lo que se ha hecho por realizarla, lo cual implica tiempo transcurrido, trabajo, constancia, obras concretas: lo que no tiene continuidad, parece no tener existencia.

Esta significativa distinción que hoy aceptamos con emoción y nostalgia, con humildad y alegría; casi con cierto temor y prudencia, porque hace mucho tiempo que comprendimos con Jorge Luis Borges, el mágico y docto poeta ciego, que “la gloria es estrépito y ceniza” [1] y con Octavio Paz, el brillante poeta de “Piedra de sol”, que “la palabra éxito [nos] me produce bochorno; no pertenece al vocabulario de la literatura sino al de los negocios y el deporte.” [2] Y es verdad, hacemos lo que hacemos por una necesidad imperiosa, vital, esa que nos señaló Rilke [3], y no por el aplauso fácil ni por buscar la vitrina; el resto, cuando se merece, se da por añadidura.

Permítasenos, en este Discurso de Incorporación que hemos titulado Poesía: invención y deseo [4], hacer algunas breves reflexiones en torno a la creación poética, al poeta y su situación, a la tradición literaria y a nuestra propia escritura, tema central de estas palabras.


El poeta, la palabra y el poema


El poeta, lector privilegiado que se transforma en el primer crítico de su propia obra, sabe y conoce, tal vez mejor que los demás seres humanos, el misterio de la creación poética y los insondables laberintos que conducen al poema. Frente a la hoja en blanco, el poeta espera en silencio que las primeras palabras pueblen ese espacio desolado, que le broten alas, que le salgan manos, que tenga ojos que lo iluminen y piernas que le permitan levantarse de la página. La palabra poética es cuerpo, ser vivo que respira y habla con todos sus colores, con sus ritmos y matices, con su tempo y su latido, con su aroma y su nostalgia, con su brillo y las correspondencias del mundo y sus objetos y seres. Hay voluntad y hay misterio, como veremos más adelante. Algo de todo esto entrega nuestro soneto titulado “Arte poética” [5] :

ARTE POETICA

Cuerpo el poema, cuerpo la palabra
cuerpo, cuerpo la noche del sentido
en que llegan a mi cuerpo sonidos
como por obra de un abracadabra.

Allí aguardas en espera que se abra
la puerta del vocablo que conmueva,
das caza a toda pieza que se mueva
y desechas aquella que no ladra.

Te empeñas en buscar la buena nueva
que anuncie de algún modo ese destello
que destape el oído de los sordos.

Te pasas sin dormir la noche entera
mientras pones tu sangre como sello
y bebes el poema sorbo a sorbo.

Este ejercicio de decir el mundo (como diría el poeta Gonzalo Rojas), tiene como fundamento la palabra y la visión de mundo que ella plasma. Un poema se hace con palabras, escribió Mallarmé [6] , y la palabra debe ser, como ya hemos expresado en nuestro poema, “el vocablo que conmueva” [7] o, en palabras de Luis Antonio de Villena, la “forma que emociona” [8], es decir, aquella que produce una alteración del ánimo, la cual es provocada por la alegría, la sorpresa, el miedo, la expectación, la impaciencia, el asombro. Y Johannes Pfeiffer, en su ya clásico libro La Poesía, nos habla de ese “modo de verdad [que] se ha vuelto realidad en el encanto de la forma.” [9]

Y estas formas que emocionan, estos cuerpos que se palpan, que se huelen, que se miran, que se degustan, que oímos, nos muestran su hermosura (que es la perfección formal y además su desnudez, el misterio, la otra voz, la marginalidad, sea de ésta o de la otra orilla). Y lo hacen para comunicarnos mundos, formas de vida, deseos, fantasmas, lunas interiores, soles para mejor vivir, noches infinitamente demoradas.

Cuando se plasma la palabra, es decir cuando encarna en su propia sustancia la realidad que nombra, es mucho más viva, esclarecedora y sugerente que lo nombrado. Gonzalo Rojas nos dice que el poeta “..., sabe que él es palabra. Uno es palabra. Uno es nada más que palabra. Es como el respiro...” [10] Y Fernando González-Urízar, en su poema Teresa Eva María Rafinska, nos dice: “Yo soy en español./ En otras lenguas/ me siento fatalmente como un tonto.” [11]


El misterio de la creación poética


Si bien es verdad que hemos optado por la poesía, no deja de ser menos cierto que ella también nos ha elegido. A veces creemos tener la consciencia del dominio total del oficio y nos sentimos “pequeños dioses” [12] como quería Vicente Huidobro, con plenos poderes para imaginar y escribir: lo hacemos cuando queremos o la mano se desliza sola, como extraviada por la página, como si alguien nos dictara las palabras, como si nos soplaran al oído y aún no entendemos bien ese misterio que nos asombra, alegra y satisface, porque se cumple así el objetivo primordial de nuestro arte: crear, producir textos, formas vivas que irradian un sentido a partir de sonidos y a los cuales llamamos poemas: vida para dar, cambiar y mejorar la vida. Ya Paul Valéry nos habló de “sonido más sentido” e interesante resulta su definición del poema como “aquello que no se puede resumir” y agregaba: “No se resume una melodía.” [13] La poesía: “una vacilación entre el sonido y el sentido”, aproximación siempre, “la certeza de no alcanzar a decir lo que quiero decir” [14], como señala el autor de ¿Qué se ama cuando se ama? Pero, paradojalmente, a veces la palabra “nos excede” [15] y tenemos la sensanción de estar comunicando más de lo que queremos comunicar, porque entendemos que “una cosa es lo que cree decir el poeta y otra es lo que efectivamente dice el poema.” [16]

En otras ocasiones, sin embargo, nos quedamos en silencio, sin el silencio productivo, sin palabras, mudos sin saber por qué, sin entender esos períodos de sequedad creativa. De nada sirve convocar a las musas, buscar lugares y momentos propicios a la aparición de imágenes y sensaciones: sólo sucede la árida mudez que nos inquieta, entristece y desespera.


El poeta, la tradición y la poesía activa


Por otra parte, como poeta, nos consideramos insertos en una tradición, nos debemos a ella, este mismo discurso es una muestra de ello. “La poesía -todo arte- como afirma el poeta español Luis Antonio de Villena, “no es cabriola en el vacío, sino la afirmación querida y singularizada de una tradición de palabra y cultura.” Y agrega que “Uno de los usos más íntimos (quiero decir menos aparentes), pero más profundos del culturalismo, es la intertextualidad, manera de componer clásicamente alejandrina. Un autor utiliza giros, versos, o palabras de otros incorporándolas a su poema o a su escrito (frecuentemente en contexto y significado muy diverso del original) sin citar al autor previo, pero sin pretender tampoco ocultarlo. Se trata de un guiño, un homenaje, que el lector culto debe percibir. Ello no resta originalidad ninguna al nuevo poema, pero lo inserta visiblemente en la cadena cultista de la tradición.” [17] Y Eugenio D’Ors ya había escrito: “Estoy entroncado en la tradición, lo que no es tradición es plagio.”

Desde esta perspectiva, nos sentimos en diálogo, escritural y espiritual, con tantos poetas, artistas y escritores que no sólo han estimulado nuestra propia forma de escribir dándole un sentido, sino que han sido ejemplo de una actitud frente a la vida. Esta voluntad de diálogo, no es en nosotros sólo un mero recurso literario, algo externo, accesorio, una moda, una imitación; sino que responde y corresponde a una necesidad de sentir, vivir y practicar la poesía como una relación amorosa, como un impulso vital, para “Que no venga la muerte, la vieja cuerva/ con su oscuro hipo y sus latas y arrebatos” [18], ya que entendemos que la intertextualidad, lo cultural, la erudición, el refinamiento, la ceremonia, son formas de la sensualidad, del erotismo, de la seducción. En este sentido debe entenderse la afirmación que hace sobre nuestra persona, el destacado poeta, novelista y etnólogo cubano Miguel Barnet cuando en una entrevista publicada en el diario del 14 de enero de 2007, dice: “...es un poeta de una factura muy acabada, un poeta culto.” [19]

No puede escribir bien quien no ha leído y para nosotros la lectura, esa “forma de ser feliz”, como señaló Borges, y sobre todo la relectura, han sido desde siempre una fuente de inspiración, de descubrimiento y de asombro, de diálogo reflexivo y de sentido práctico por excelencia. Esta actitud ante la vida de llevar a la praxis, desde la escritura misma, todas nuestras sustentaciones estéticas y morales, es lo que Octavio Paz llama “una moral del lenguaje”. A este respecto, son reveladoras las palabras del escritor mejicano Gabriel Zaid: “La inspiración creadora no sólo hace versos: sopla y lo mueve todo. En ese movimiento, la práctica no es algo estrecho, mecánico y sin misterio, sino creación; y la poesía es práctica: hace más habitable el mundo.” [20]] Y el poeta de El laberinto de la soledad, señaló que “Una de las funciones cardinales de la poesía (y del Arte agregamos nosotros), es mostrarnos el otro lado de las cosas, lo maravilloso cotidiano: no la irrealidad, sino la prodigiosa realidad del mundo.” [21] Y nuestro Jorge Teillier nos dijo que servía para “superar la avería de lo cotidiano” y que había que “luchar contra el universo que se deshace, no aceptar los valores que no sean poéticos, seguir escuchando el ruiseñor de Keats, que da alegría para siempre.” [22] Por su parte, el maestro Alfonso Reyes, nos dice que “el fin de la creación literaria [...] es iluminar el corazón de los hombres” [23] y nosotros hemos hablado de ella como “un acto de amor y de entrega... de una entrega que tiene que ver con los espacios no tasables de la felicidad.” [24]


El compromiso del poeta con su arte y su sentido


Y es que la poesía, “esa tarea resplandeciente, la más hermosa y desolada de todas” [25], como la describe Fernando González-Urízar, ha sido no sólo la casa que habitamos, sino que nuestro ser más hondo, nuestra celebración y nuestra miseria, nuestro respiro y nuestra grandeza.

Ya Rilke, y antes Rimbaud, nos había exigido un compromiso total y extremo con nuestro arte, cuando en su libro Briefe an einen jungen Dichter (Cartas a un joven poeta), publicado en 1929, escribió: “Nadie puede aconsejarle ni ayudarle, nadie. Sólo hay un camino: entre en usted. Investigue la causa que le empuja a escribir, examine si sus raíces se extienden hasta lo más profundo de su corazón. Reconozca si no preferiría morir en el caso de no poder escribir. Y sobre todo, en la hora más serena de la noche pregúntese: ¿siento verdaderamente la imperiosa necesidad de escribir? Ahonde en sí mismo en busca de una profunda respuesta, y si ésta resulta afirmativa, si puede responder a tan grave pregunta con un fuerte y simple “¡Sí!”, entonces construya su vida de acuerdo con dicha necesidad.” [26]

Esa “necesidad imperiosa” que preside nuestros actos y es la base de nuestra escritura y se ha transformado en todo este tiempo, en invención y deseo, el oficio mayor de la palabra y el vuelo de los sentidos, el rescate de la palabra placer y el descubrimiento y la pasión; poemas que quieren celebrar el cuerpo y su belleza, la plenitud del instante, la sensualidad y el misterio inefable de la seducción. “...Ay, cuerpo, quién/ fuera eternamente cuerpo.” [27], dice un poema de Gonzalo Rojas, y González-Urízar escribe un rotundo y perfecto endecasílabo: “Sólo la eternidad me satisface.” [28]


El poeta vs. el ciudadano


No ha sido fácil para un poeta, ser en este mundo azotado por la violencia y la estupidez humana, por la envidia y la mentira, por la mediocridad y la usura. Y la mayoría de las veces, el verdadero poeta se debate entre el hondo sentido de la poesía y las pobres leyes humanas, cambiantes e imperfectas. Y debe optar, sin traicionar su arte, su verdad, su esencia, entre saberse poeta y, por lo tanto, fracasado y perdedor (a la vista de los pobrecitos que se sienten exitosos y ganadores con una vida espiritualmente plana y pobre) o ciudadano de este mundo.

Los que a riesgo de quedarnos heridos en el camino, hemos optado por ser poetas, artistas al fin, perdedores, relativamente fracasados, tenemos no ya el consuelo del trayecto, de la intención que ha animado nuestras ansias, sino que la victoria, la satisfacción de decir que aquí estamos, que esto somos, que estas son nuestras obras. Vicente Aleixandre, nos dice: “Sí, los poetas somos ángeles desterrados de un mundo que vagamente recordamos y presentimos, y al que anhelamos retornar con toda la sed de nuestros corazones. Las alas se nos notan, puede tocarse su bulto apenas disimulado bajo la ropa.” [29]

Si el poeta no logra su liberación total en la realidad, tiene que lograrla en el poema, en su arte: es el triunfo de la poesía sobre la miseria de la realidad.


El poeta y su extrañeza


Y si todos los poetas tenemos algo de locos, no es porque hayamos perdido la razón, sino justamente porque remontamos la corriente, buscamos otros sentidos más plenos, nos atrevemos a saltar de una orilla a otra, estamos por la apuesta y por el trayecto que implica esa apuesta. Por ella, muchos se quedan en el camino, maltrechos y perdidos, socialmente fracasados, pero con la indiscutible riqueza y osadía del intento; otros, agobiados y ya sin destino alguno, simplemente, se quitan la vida.

“Loco, -decía Chesterton- es el que lo ha perdido todo menos la razón.” y la poeta española Isla Correyero, en su poema “Retrato a lápiz”, nos dice: “Soy heroica, altanera y distraida. Me cobijo en mansiones de alquiler y no obedezco leyes ni partidos.” [30]

Desde este punto de vista, no es del todo extraño que el poeta, a pesar de pertenecer al mundo y a la sociedad, se sienta desplazado, incómodo en ella. Es como si hubiera una disociación entre el ser poeta y el ser ciudadano. Nuevamente, Luis Antonio de Villena, uno de los poetas españoles de nuestros afectos, apunta, con mucha lucidez, lo siguiente en las palabras previas a uno de sus libros: “Uno de nuestros humanistas mejores, Fernán Pérez de Oliva, en su breve Diálogo de la dignidad del hombre, se extraña de la extrañeza de éste -que será su superioridad- en la tierra. Y dice, por boca de Aurelio: Así sale al mundo, como a lugar extraño, llorando y gimiendo, como quien da señal de las miserias que viene a padecer.

Solemos sentirnos extraños al mundo. Pertenecemos al mundo, y no somos de él, porque ni nos cumple ni nos sacia. El mundo, la vida, es para nosotros un lugar extraño, porque existen imposibilidad y dolor, y entonces el deseo, la perfección, el anhelo de belleza, quedan, casi permanentemente, ajenos. Mas hay lugares extraños en el lugar extraño: el erotismo, la felicidad de la vida como vida sentida, las extrañas ínsulas del júbilo, ese gozo de la carne psíquica son asimismo lugares extraños. Y cuando desatendemos la vanidad, cuando intentamos salir de nosotros, cuando el ave extraña de la bondad nos deslumbra, cuando nos retiramos, desertamos, huimos, renunciamos y vamos a nuestro extraño centro, estamos nuevamente en otro lugar extraño. Únicas extrañezas pues, si lo pensamos bien, que nos libran y compensan de la otra gran extrañeza, de la tremenda y atrayente extrañeza de estar vivos, como decía San Juan de la Cruz, aunque es de noche.” [31]

El notable y ya clásico texto de Baudelaire, El Albatros [32], resume también magistralmente la idea romántica del poeta como un ser exiliado en la tierra, pues sus raíces se hunden, paradojalmente, en el cielo. El poema termina así:

Le poëte est semblable au prince de nuées
qui hante la tempête et se rit de l’archer;
exilé sur le sol au milieu des huées
ses ailes de géant l’empêchent de marcher.

El poeta se parece al príncipe de las nubes
que frecuenta la tormenta y se ríe del arquero;
exiliado en el suelo en medio de los gritos,
sus alas de gigante le impiden caminar.


Algo sobre nuestra escritura


¿Cómo hablar de uno mismo sin hablar de uno mismo? Y cómo hacerlo en una sociedad donde ese acto puede interpretarse como soberbia, jactancia o vanidad? “La alabanza propia envilece”, leemos en el Quijote. [33] Hemos resuelto la disyuntiva aplicando la máxima de Rimbaud en la famosa carta a su profesor Izambard en la que expresa “Je est un autre”: yo es otro. [34] De ese otro que soy y no soy yo y del cual he venido hablando hasta ahora, tomo una mayor distancia todavía para ver desde afuera, pero con la perspectiva interior, lo que ese otro ha escrito y lo que de ese otro han dicho otros que han tenido el interés y el tiempo necesario para indagar en nuestra escritura y dejar testimonio de ello.

El poeta y crítico Ramón Riquelme, que ha reflexionado tan lúcidamente acerca de nuestra poesía, ha dicho que hemos trabajado “con una persistencia obsesiva” y que “la memoria recuerda en el autor un rigor en el uso del idioma y en los estadios líricos que explora”; que cuando se leen nuestros poemas “establecemos, de algún modo, líneas de comunicación y lectura con George Bataille, Michel Foucault, Roger Caillois, Anaïs Nin, cuyas obras dieron al cuerpo el sentido de autonomía estética, propio de una escritura libertaria, en el ejercicio de sus normas cotidianas, rompiendo los límites de una convencionalidad conservadora que ahogaba la cultura contemporánea de este siglo.” [35]

Y el Dr. Gilberto Triviños, Director del Programa de Doctorado en Literaturas Hispánicas de la Universidad de Concepción, al describir la poesía escrita en esta ciudad, señala algo que nos parece de extraordinaria importancia y que cobra pleno sentido en nuestra escritura:

“Las palabras placer, amor, belleza, deseo y vértigo (“palpitar al mismo tiempo... temblar al mismo tiempo”), tienen en estos poemas un valor tan explosivo como las palabras justicia, verdad, resistencia, memoria o libertad (“la ciudad recuerda”, “no hay olvido”, “la resistencia es una”), pues las historias poéticas con ellas construidas se inscriben en esas “otras perspectivas”, en esas “otras imágenes y otros signos” que minan el predominio ostentoso de los signos de la muerte. Afirman el amor como algo valioso contra todos los discursos que lo limitan, ignoran o desprecian...” [36]

Por su parte, el poeta, ensayista y académico de la Universidad de Concepción, Dr. Edson Faúndez, estudioso de nuestra poesía, ha escrito:

“En la escritura de Mendoza Belio, el cuerpo es “un lugar de convergencia o disputa de complejas pulsiones morales, biológicas y políticas” (Ramírez, 2003: 15) [37], pero también constituye un intrincado laberinto en donde se desarrolla una búsqueda incesante de la energía que falta para seguir viviendo, y un arma, pues el cuerpo, devenido en escritura y placentera belleza, cuestiona la rigidez disciplinaria impuesta por la sociedad normalizadora.” [38]

Escribir desde los espacios interiores, supone establecer desde ya un punto de partida, nuestro propio mundo-espacio, del cual podamos (yo y los otros), salir a la luz o entrar en la noche; supone situarse en un lugar que tiene como sentido primero, en este caso particular, el descubrimiento de una idea y el objetivo de desarticularla, no sólo a través de la palabra poética sino que, como ya hemos dicho, a través de una actitud de vida, lo que Gonzalo Rojas llama “poesía activa” y Eduardo Anguita llamó “poesía práctica”: “... pasar de la palabra a la acción, es decir, producir una conducta a partir de la poesía...” [39] Ambos deudores, como se sabe, del adolescente Rimbaud con su “llamada de vida” y su “canto de acción”. [40]

La idea de la que hablamos, la señalamos aquí y ahora, con un verso de Gonzalo Rojas, de su bello poema “La viruta”: “Son las privaciones, todo tiene que ver con las privaciones.” [41]

Esta idea fundamental, que estaba implícita en nuestros textos y que encontró, mucho después, gracias a los vasos comunicantes de la intertextualidad o del azar o del Misterio, su formulación exacta en el verso de Rojas, da un sentido a nuestra poesía y la perfila en el ámbito de una poética del cuerpo, de una dialéctica del amor, de una erótica vital, de una moral del placer, de un querer alcanzar la otra orilla, ser la otra voz, una fuga al corazón de los rebeldes. Deseo, Placer, Amor, Erotismo, o en palabras de Luis Antonio de Villena: “Del deseo surge el amor. De la belleza/ surge el deseo.” [42] Y el poeta y sacerdote chileno José Miguel Ibáñez Langlois, tan en las antípodas del poeta de La belleza impura, afirma, sin embargo, que “El deseo es el alma de toda realidad.” [43]

El verso de Rojas se puede entender perfectamente fuera de su contexto, no es preciso recurrir al poema para captar su esencia, por lo menos en el sentido que deseamos rescatar; nos interesa aquí la afirmación rotunda y plural (“Son las privaciones”), abarcadora y reiterativa (“todo tiene que ver con las privaciones”), que permite reemplazar el sustantivo “privaciones” por un paradigma a gusto del receptor.

En nuestro caso, como lo expresamos al comienzo, “las privaciones” dicen relación con el cuerpo, con lo sexual, con el imperio de los sentidos, con el placer, con los temas tabú, con los interdictos religiosos, con la moral conservadora, en suma, y hacemos nuestras una vez más, las palabras del poeta de Sublime solarium [44], estamos contra el invierno, es decir, contra “la moral del puritanismo y del frío” y “Huir de él, será entonces buscar el calor, la juventud, la moral abierta, el cuerpo, el licor que surte directamente del cálido lagar donde pisotean los descalzos.” [45] Pero no solamente esto, como luego podremos comprobar.


Referentes literarios


Nuestros referentes literarios, en un principio, es decir hace 27 años, en cuanto a la poética del cuerpo, fueron: Pablo Neruda, sobre todo los Veinte poemas de amor y una canción desesperada; el poeta Fernando González-Urízar, en particular su libro Nudo ciego [46]: con una palabra transparente, alada, bellísima, musical, plena de significaciones; Gonzalo Rojas: de él nos influyó el desenfado, la no mutilación temática, la luminosidad de su palabra, su respiración textual, su escritura traspasada por el hondón del eros; el poeta y ensayista mejicano Octavio Paz: en su obra nos atrae su temática erótica producto de su experiencia en la India, el notable juego que realiza a nivel fónico con la palabra, la fuerza y la extraordinaria belleza de sus imágenes poéticas, la fina inteligencia de su emoción (nada más alejado de esas “bellezas marmóreas”, según las equivocadas palabras de Juan Gelman [47]); y Eduardo Anguita con su libro Venus en el pudridero [48], uno de los más hermosos y definitivos poemas escritos en castellano.

Estas son las referencias textuales que teníamos cuando finalizamos la primera etapa de nuestro libro Opus pagana [49]. Posteriormente, gracias al poeta español Juan Carlos Mestre (que residió algunos años en Concepción), comenzamos a interiorizarnos acerca de aquellos poetas españoles con los cuales, según él, nuestra poesía tenía afinidades:

“Y Tulio Mendoza, del que conozco como de Pessoa, varios heterónimos; el Tulio poeta de Opus pagana, texto emparentado con una poética del cuerpo que me interesa particularmente, y con ecos de los postnovísimos españoles Luis Antonio de Villena, Isla Correyero o Ana Rossetti;...” [50]

Nosotros no habíamos tenido ningún contacto con esa poesía, sus textos no se encontraban acá, sin embargo, los lazos surgen a veces sin que nosotros los busquemos conscientemente.

Aparte de Juan Carlos Mestre, sólo la Dra. María Nieves Alonso, profesora de literatura en nuestra universidad, ha dicho algo al respecto. Con motivo de ser jurado del Concurso Premio Unico Nacional Ripley de Poesía organizado por la Secretaría Ministerial de Gobierno y la Universidad de Concepción en 1993 [51], afirmó lo siguiente en el diario “El Sur” de Concepción del 19 de octubre de ese año, en relación al conjunto de poemas que enviamos bajo el título de En tu hermosa materia y que obtuvo el premio único:
“Está muy bien presentado, es unitario en el lenguaje y tema propuestos.” Señaló como importantes en él además, el manejo de la complicidad con el lector y de la intertextualidad (el diálogo con otros discursos). Agregó: “Es una poética esteticista, más cercana a la estética española contemporánea que a la latinoamericana.” [52]

Nos parece que el principal aporte, desde un punto de vista formal o lingüístico, es el postular y desarrollar una línea poética casi no explorada en la poesía chilena (la esteticista, culturalista, narrativa y casi coloquial), cuyo mérito es el de establecer un nexo inédito, un diálogo fresco, entre la poesía chilena y la actual poesía española (prácticamente desconocida en nuestro país), es decir aquella que surge con la generación de los años 70 o “novísimos”, especialmente Luis Antonio de Villena, pero que también retoma a poetas anteriores de extraordinario interés, como Luis Cernuda y Jaime Gil de Biedma. Antes, sólo los poetas Miguel Arteche y Oscar Hahn, habían establecido un diálogo más evidente con la poesía española, pero fundamentalmente con la clásica del Siglo de Oro y con la llamada Generación del 27.

En la Palabra previa a nuestro poemario En tu hermosa materia, publicado en el año 2005, el poeta y artista plástico español, Juan Carlos Mestre, expresa: “Contra el miedo a desear está escrito este libro, contra el teorema vulgar de lo demostrable, contra las trampas del ojo embustero del saber donde siempre suena la flauta de lo consciente. [...] No existe otro enemigo del cuerpo que la moral mentirosa que lo niega, la que borra su diferencia única e irrepetible del paraíso de los diálogos. Habla esta poesía desde los escándalos del insomnio, es decir, desde la disidencia y su dicha, habla su celebración desde la ética del encuentro, desde la lucidez irrefrenable de su amistad con las desnudas tempestades del arte. Verdad y belleza, la casa del habitante imaginario y más solar de la noche, el poeta, ese individuo entre individuos, zumbándole en la oreja a las estrellas. Tulio Mendoza ha puesto voz a los personajes del cine mudo de la vida, él mismo se ha convertido en memoria de otros cuerpos, en el exacto azar de ese resplandor armónico que son sus poemas...” [53]

Por lo tanto, nuestra poética no asume la culpabilidad tan antinatural de la tradición judeo-cristiana (aunque se deba a ella), en la cual el cuerpo se cubre, se avergüenza de sí mismo y del otro (a pesar de haber sido hecho a imagen y semejanza del Creador) y coharta su libertad y sufre la constante imposición de la dicotomía de lo bueno y lo malo, la virtud y el pecado, el cielo y el infierno. Aquí no hay nada de eso y el eros, el amor, “la llama doble de la vida” [54], la ternura, en todas sus manifestaciones, es el cauce natural donde el ser humano es positivamente más y no menos.

Además es importante, reiteramos, lo multicultural, que abarca no sólo el diálogo con otros discursos escritos, sino con otros “textos”: las artes plásticas, la música, la escultura, el arte en general. Todo lo que tiene que ver con los sentidos, adquiere en esta poesía un protagonismo fundamental que requiere la complicidad del lector, se le exige su participación y su experiencia, se le nombra incluso, se resuelve en otros, no puede ser un lector pasivo. Por eso pensamos que estos textos pasan largamente la prueba del “placer de la lectura”. No otra cosa inferimos al leer las amables y cordiales palabras con las cuales el escritor Antonio Skármeta se refiere a nuestro libro En tu hermosa materia: “No sabes con cuánta empatía he leído estos versos, cómo he admirado la elegancia y la pasión sutil, la melancolía con gracia, la falta de estridencias y el don de clase que tiene.” [55] Y el narrador y crítico, Carlos Iturra, en un artículo publicado en el diario El Sur, escribe:

“Por otra parte, estas percepciones poéticas tan robustas como delicadas se manifiestan, no podría ser de otro modo, en un lenguaje de la más pura cepa, exquisito, perfecto, que fluye a la par de la belleza de su asunto, sorprendiendo siempre con una palabra que detona el placer estético en el lector...” [56]

Y el poeta Jorge Cid señala que “La cadencia con la que el texto va seduciendo a su receptor es el ritmo de una seducción inteligente. Se recibe y tienta al lector menesteroso con una hostia dulce, llana, la que recién comulgada lo conduce a un viaje que reviste mayores exigencias y, por cierto, la subyugación y compromiso con esta estética. Tal razón permite que este corpus poético no sólo sume lectores, sino cómplices.” [57]


Poesía situada


A partir, entonces, de todo lo dicho, esta poesía se ha situado y ha descrito su circunstancia. Octavio Paz escribe:

“Siempre he creído en la máxima de Goethe: todos los poemas son poemas de circunstancias. Cada poema es una respuesta a un estímulo exterior o interior. La circunstancia es aquello que nos rodea y que, ya como obstáculo o ya como acicate, es el origen del poema, el accidente que provoca su aparición. Pero las circunstancias no explican ni sustituyen a los poemas, que son realidades autónomas. Los poemas nacen de una circunstancia y, apenas nacidos, se liberan de ella y viven una vida independiente. En la poesía se despliega el misterio de la libertad humana: el accidente, la circunstancia, se convierte en obra.” [58]

Como “poesía situada” [59], instalada en su propia circunstancia, nos corresponde ahora precisar su derrotero: se nos dará como un viaje, como dirección, como líneas de fuga, en sentido progresivo y disperso (aunque a veces se reitere para seguir avanzando), como camino hacia alguna parte en busca de un blanco, de una respuesta que, o no existe o bien es el regreso a esa misma idea, a ese mismo punto de partida: la física del elástico, el movimiento de un resorte, el efecto de un búmeran. Claro está que la aventura del retorno no puede ser la misma exploración que la del viaje de ida: la circunstancia ha sido alterada por la experiencia. Si hay un punto de llegada, una meta, en ambos casos (el viaje de ida y el de vuelta), no puede ser otro que la liberación total, el término de las privaciones, la ruptura de la “coraza caracterial” (de la que nos habló Wilhelm Reich [60]), la abolición del Pecado (para los que creen en él), el regreso al Paraíso, el triunfo de la utopía, el encuentro con Dios (para los que creemos en Él). Si no se logra la liberación total en la realidad, se logra en el poema: es el triunfo de la poesía, del Arte, sobre la miseria de la realidad o la “consciencia miserable” de la que nos habla el poeta Leopoldo María Panero:

“...y lo que falta por sicoanalizar no es al loco, sino al `homo normalis´ que tiene una consciencia miserable o mágica que no está escrita en ningún libro. Hablando de la lotería, de cosas que funcionan a nivel de lo que llamo yo consciencia miserable o mágica y que funcionan en ese estado de duermevela que era para el último Freud la única historia del yo.” [61]


Poesía como trayecto, como viaje


El viaje es la historia del cuerpo y su belleza, es un contra la soledad como espacio negativo, no lo que los japoneses llaman sabi (soledad deseada); es un convocar al Placer y no sentir vergüenza, es un amar al otro, es ingresar en la noche (como predilecto espacio positivo) y ver en ella algunos signos del día: la luz, el color de los rostros, el verano, la arena caliente, el olor del mar (que es un cuerpo recostado a la orilla de la música); es un querer la anulación de los contrarios como indicio de transgresión de los valores establecidos porque se busca la unidad primigenia.

Hace poco señalamos que el viaje es la historia del cuerpo y su belleza; y es también el libro Opus pagana, “libro de significativo título”, como señala Gilberto Triviños en la antología Las plumas del colibrí , y agrega que nuestro texto:

“festeja los ritos de los cuerpos desnudos, parafrasea El Fornicio de Gonzalo Rojas, hace del cuerpo un acto de escritura, evoca la noche bella inigualable, en que los muchachos hacen el amor en los jardines de Roma, niega la existencia del pecado en esas bocas que se buscan en la noche de Safo y libera los fantasmas del deseo que merodean las palabras que se acuñan y renacen como el ave fénix del fuego.” [62]

El viaje es también el cuerpo de una escritura, la escritura del cuerpo, no el cuerpo lacerado, herido, vendado, ultrajado, desaparecido, de los poemas de Raúl Zurita, sino un cuerpo alegre, bello, iluminado, provocador, sensual, cómplice, gozoso, glorioso. Y aquí citamos a Luis Cernuda: “Libertad no conozco sino la libertad de estar preso en alguien” [63] y nuestro poema “La esfera de lo inútil”, dedicado precisamente al autor de Desolación de la quimera, en una parte dice, dialogando con el verso del poeta español, “como quien aspira a ser más en otro/ y no conoce otra libertad que la de su cuerpo/ preso en otro cuerpo...” [64]

El cuerpo, los cuerpos, la “hermosa materia” que esplende su reino, hallan sentido en los espacios de una palabra que es ante todo celebración ética y estética, cuerpos/poemas que quieren ser sentidos/leídos y gozados. La belleza, el anhelo de lo bello, la sensualidad, el placer, el deseo, el erotismo, la seducción, el misterio, la utopía, los sueños, la pasión, la eficacia de la palabra poética, la complicidad con el lector, el placer de la lectura, se abren paso y revelan su sentido a través de una escritura transgresora y rigurosa, clásica por la elegancia del lenguaje y por lo que ello conlleva (esteticismo, contratexto, claridad deslumbrada, misterio y transparencia, realismo meditativo e irrealismo cognoscitivo, palabra sugerente, tono coloquial y nostálgico, coherencia, equilibrio, vitalismo hedonista, intertextualidad, culturalismo), y que celebra y consagra el instante (Paz dixit), como un antídoto contra el paso del tiempo, la soledad negativa, la desilución, la vejez y la muerte, la irremediable tristeza de la pérdida y las privaciones en un mundo que se quiere y desea siempre más pleno, más otro, pero que sin embargo resulta, para peor, tantas otras veces extraño pues, ni nos cumple ni nos sacia como verdaderamente quisiéramos. [65]

El viaje es, además, el Oficio Mayor desde una doble perspectiva: como trabajo con la palabra (la “tarea resplandeciente”, la invención) y como religiosidad en su acepción de unir (religare), de ser oficiante de un culto y respeto por la palabra poética y su misterio.

El viaje es el vuelo de los sentidos, la palabra placer, el “beso rojo que enciende su lengua en mitad de la noche” [66], el descubrimiento y la pasión, un acto de amor, un acto de entrega. Porque como dice el poeta Fernando González-Urízar: “El mundo no es menos ni más/ que este sueño del aire,/ que esta herida que sangra belleza.” [67]

Y con Eduardo Anguita, repetimos: “¡Que no hay mayor soledad que la del hombre/ frente a la Belleza! , que “No soportamos/ la Belleza desasida del apoyo, ...” y que “¡Los cuerpos no osen tocar el misterio del cuerpo!”[68]

Y si hay algo vivo, algo que nos impulse y excite al viaje, a salir del espacio interior y a proyectarlo en otro ser o a hacerlo público, es precisamente el Deseo y el Placer, el impulso instintivo y también culturizado (estructurado por la conducta y la voluntad), la rebelación contra las privaciones. El Deseo, como afirma el crítico José Olivio Jiménez, es “el solo don que, sin desmayos ni quiebras, puede alentar y sostener al hombre.” [69]


Dedicatoria, agradecimientos finales y homenajes


Ya cerca de las palabras finales, se nos impone la primera persona. En Rancagua me dicen “poeta rancagüino avecindado en Concepción”; y aquí, “poeta penquista nacido en Rancagua”; tendría que agregar, además, las ciudades de Viña del Mar y Valparaíso, del mismo modo tan significativas para mí. ¿Y el mundo? Anduve por Venecia, París, Río, Madrid, Bruselas, Londres... ¿Pero dónde está la verdadera patria del poeta, sino en su lengua materna? Nótese que en español decimos materna, no paterna. ¿Habrá alguna lengua donde suceda lo contrario? Somos palabra hecha carne, como un cuerpo que nace y en palabra nos convertiremos. Por eso, reitero, entonces, desde y con esta magnífica lengua española o castellana que “se me dio por el simple hecho de nacer en su seno” [70], mis agradecimientos a la Academia Chilena de la Lengua por el alto honor que me ha concedido al designarme Miembro Correspondiente por esta querida ciudad de Concepción; al distinguido Académico de Número y Profesor Emérito, Premio Nacional de Ciencias de la Educación, don Ernesto Livacic Gazzano, quien tuvo a bien proponer mi nombre y a los académicos que acogieron, amablemente, su propuesta.

Dedico esta honrosa distinción a mi madre Estela Belio Baharlía que, “aunque esté sin tiempo” [71], según los versos de Gabriela Mistral, sin la arena de las horas humanas, sin ese “reloj que desmorona su espiga bajo la rueda incesante” [72], irá conmigo siempre hasta volvernos a encontrar, según la promesa de los gloriosos cuerpos resurrectos. “Dichoso el que recibe un honor y puede ponerlo al pie de sus deudas de amor,...”, escribió Roque Esteban Scarpa. [73]

Dedico también esta distinción a mi padre Tulio Mendoza Araya, a mi hermana Vivian y a mis sobrinos Vivian Andrea y Patricio Hernán; a los poetas Gonzalo Rojas, Juan Carlos Mestre y Luis Antonio de Villena, cuya posesía ha iluminado tan hondamente la mía; a los que son y fueron mis alumnos en el Taller Literario “Fernando González-Urízar”; a la Sociedad de Escritores de Chile (SECH), Filial Concepción; a mi Universidad de Concepción; a los que han confiado en mí y, especialmente, a dos dilectos poetas y amigos fallecidos hace tan poco, pero sin embargo tan presentes en el corazón y la escritura, me refiero a Alicia Navarro Chaúra y a Guillermo Trejo. La primera escribió: “He aprendido/ a palpar el latido profundo/ del hombre perseguido,/ a beberme su huella/ y a seguir su camino/ entre ojos de fusiles/ y alambradas de sombras.” [74] El segundo, nos dijo: “No sabemos vivir como inmortales./ Somos deudores de lo efímero./ En la muerte se esconde lo que somos.” [75]

Mención especial, a modo de homenaje y reconocimiento, merece aquí una vez más, el poeta, académico de número, maestro y amigo, don Fernando González-Urízar, fallecido en el año 2003. Desde 1975, fecha en que publicó su magnífico libro Nudo ciego, pude yo conocer su poesía y acercarme a la Academia y fue precisamente él quien me invitó, muchos años después, a editar y presentar su obra en la docta Corporación. Fue él también quien, sin conocernos, a mí y a otros tres jóvenes e incipientes poetas, nos prologó un libro colectivo, Primer ceremonial, en 1976 (teníamos entre 19 y 21 años). El Prólogo termina así:

“Estas son las cuatro voces que se empeñan en dar razón y testimonio de sus vidas, de sus sueños y anhelos.Todas ellas distintas y semejantes, una de otra. Oscilando entre la pura carnalidad y el vago sopor de la niebla. María Elena Gutiérrez, Tulio Mendoza, Juan Otaíza y Ricardo Torres, ensayando sus plumas en el vuelo, sus manos en el hondo tañer. El tiempo lo dirá: quién persevera, quién ahonda, quién se quema las sienes y el corazón en esta tarea resplandeciente, la más hermosa y desolada de todas. Ojalá sean los cuatro. Porque esta sed que yo siento no la cambio por cosa alguna.” [76]

Elocuentes y reveladoras palabras, verdad? Muchas gracias.

CONCEPCIÓN, abril de 2007.


NOTAS:

[1] Jorge Luis Borges. Poema “El Gaucho” (sexta estrofa).
[2] Paz, Octavio. Corriente alterna, Siglo XXI, México, 1981, p.42.
[3] Rilke, Rainer Maria. Cartas a un joven poeta. Colofón, S.A., México, 1996, p. 14.[4] Mendoza Belio, Tulio. “Poesía: invención y deseo” (Notas sobre mi poetica del cuerpo). Inédito.
[5] Mendoza Belio, Tulio. Poema “Arte poética”, en En tu hermosa materia, Ediciones Etcétera, Concepción, Chile, 2005. Palabra previa de Juan Carlos Mestre.
[6] Reyes, Alfonso. La experiencia literaria. Editorial Losada S.A., Buenos Aires, Argentina, 1952, p.81: “Al pintor que quería hacer versos en sus ratos de ocio, porque ideas no le faltaban, Mallarmé solía reprenderle: ‘Pero los versos, oh, Degas, no se hacen con ideas sino con palabras.”
[7]Idem nota 5.
[8] de Villena, Luis Antonio. “La respuesta clásica: el sesgo por la tradición en la última poesía española”, en Fin de siglo (Antología), Visor Libros, Volumen 293, Madrid, España, 1992. Pág. 26: “Y en literatura -sabemos- es la forma la que emociona.”
[9] Peiffer, Johannes. La poesía, Breviarios, Fondo de Cultura Económica, México, Cuarta reimpresión, 1983. Traducción de Margit Frenk Alatorre. Pág.11.
[10] Rojas, Gonzalo. Ñ, Revista de Cultura, Clarín, sábado 23 de septiembre de 2006, Buenos Aires, Argentina, Año III.pp.6-8. Entrevista de Andrés Hax.
[11] González-Urízar, Fernando. Domingo de pájaros, Editorial Pedro de Valdivia, Santiago de Chile, 1977. Premio municipal de Poesía de Santiago 1978. Pág. 13.
[12] Huidobro, Vicente. Poema “Arte poética”, en: Sus mejores poemas, Biblioteca Zig-Zag, Santiago de Chile, 1984. Selección y traducción de José Manuel Zañartu.
[13] Valéry, Paul.
[14] Rojas, Gonzalo.
[15] Dedicatoria en el libro Nieve de primavera de Yukio Mishima que me obsequió el poeta Jorge Cid: “Agradecido de todas las palabras que te nombran, te entrego estas letras que nos exceden.” 2006.
[16] Idem nota 2.
[17] de Villena, Luis Antonio. “Luis Cernuda, entre el exilio y sus metáforas”, en Cernuda, Luis. Las nubes. Desolación de la quimera, Ediciones Cátedra, tercera edición, Madrid, España, 1991. Edición de Luis Antonio de Villena, p.36.
[18] Mendoza Belio, Tulio. Poema “Animula, vagula, blandula”, en: Alacrán de la belleza, Ediciones Etcétera, Concepción, Chile, 2007. Epílogo de Edson Faúndez V.
[19] Barnet, Miguel. “El escritor es gran un travesti”, entrevista de Claudia Farías, diario “El Sur” de Concepción, Chile, 14/01/2007).
[20] Zaid, Gabriel. La poesía práctica.
[21] Paz, Octavio.
[22] Teillier, Jorge. “Sobre el mundo donde verdaderamente habito”, en: Muertes y maravillas. Editoria Universitaria, Santiago, Chile, 1971.
[23] Idem nota 10, p.88.
[24] Mendoza Belio, Tulio. Concepción, a todo Sur (textos poéticos y fotografías del poeta), Fondo de Apoyo a Iniciativas Culturales Comunales, FAICC 1998, Ediciones Etcétera, Concepción, Chile, 1998.
[25] González-Urízar, Fernando. “Prólogo”, en: Gutiérrez, María Elena, Tulio Mendoza, Juan Otaíza y Ricardo Torres, Primer ceremonial, Ediciones Bolt, Santiago, Chile, 1976.
[26] Idem nota 3.
[27] Rojas, Gonzalo. Poema “Las pudibundas”, en: Antología de aire, Fondo de Cultura Económica, Santiago, Chile, 1993. Selección de textos: Hilda R. May. Pág. 252.
[28] González-Urízar, Fernando. Poema “Sólo la eternidad me satisface” en: Escritura secreta, Editorial Aconcagua, Colección Mistral, Santiago de Chile, 1985, p.85.
[29] Aleixandre, Vicente. “Una carta inédita de Vicente Aleixandre sobre Sombra del paraíso”, en: Ámbito (edición facsímil), Litoral, Málaga, España, 1981, p.7.
[30] Correyero, Isla. Poema “Retrato a lápiz”, en: Cráter 1981-1983, Colección de Poesía N°72, Provincia, León, España, 1984, pp.11-12.
[31] de Villena, Luis Antonio. Como a lugar extraño. Visor de Poesía N°260, Madrid, Epaña, 1990, p.7.
[32] Baudelaire, Charles. Poesía completa (edición bilingüe), Ediciones 29, Barcelona, España, 1994. Traducción de M.B.F.
[33] Panero Mancebo, Martín. “Discurso de Recepción a D. Alfredo Matus”, en Boletín Academia Chilena, N°66, Santiago de Chile, 1985, pp.183-193.
[34] Carré, Jean-Marie. Cartas de la vida literaria de Jean-Arthur Rimbaud, Universidad Nacional Autónoma de México, México, 1995. Reunidas y anotadas por Jean-Marie Carré. Epílogo y traducción de Marco Antonio Campos.
[35] Idem nota 5. Solapa del libro.
[36] Triviños, Gilberto. “El regreso”, en Alonso, María Nieves, Juan Carlos Mestre, Marío Ropdriguez y Gilberto Triviños. Las plumas del colibrí (Quince años de poesía en Concepción: 1973-1988. Estudio y antología), pp.53-113.
[37] Ramírez, Juan Antonio. Corpus solus. Para un mapa del cuerpo en el arte contemporáneo, Ediciones Siruela, Madrid, España, 2003.
[38] Idem nota 18. Faúndez V., Edson. “En tu hermosa materia y Alacrán de la belleza de Tulio Mendoza Belio: poemas para fecundar el abismo”.
[39] Piña, Juan Andrés.Conversaciones con la poesía chilena,Pehuén Editores,Santiago,Chile,1990, p. 68.
[40] Rimbaud, Jean-Arthur. Una temporada en el infierno. Iluminaciones, Montesinos, Barcelona, España. Edición, traducción, introducción y notas de Carlos Barbáchano. Pág. 13.
[41] Idem nota 27. Poema “La viruta”, p.217.
[42] de Villena, Luis Antonio. Poesía 1970-1982, Visor Libros, Madrid, España, 1983. Estudio preliminar de José Olivio Jiménez. Páhs.146-147.
[43] Ibáñez Langlois, José Miguel. Futurologías, Editorial Universitaria, Santiago, Chile, 1980.
[44] de Villena, Luis Antonio. Sublime solarium 1970-1971, Madrid, España, 1971.
[45] Idem nota 45, p.191.
[46] González-Urízar, Fernando. Nudo ciego, Pineda Libros, Santiago, Chile, 1974. 130 págs.
[47] Gelman, Juan. Discurso al recibir el Premio Iberoamericano Pablo Neruda, Consejo Nacional de la Cultura y las Artes, Consejo Nacional del Libro y la Lectura, Fundación Pablo Neruda, Rocinante Comunicaciones Ltda., LOM Ediciones, Octubre 2005, pp.2-3.
[48] Anguita, Eduardo. Venus en el pudridero, Editorial Universitaria, Santiago, Chile, 1979. Fotografías de Elsa de Veer. 54 págs.
[49] Mendoza Belio, Tulio. Opus pagana (poemario inédito).
[50] Primera Palabra, Revista de Literatura y Arte, Colegio de Dentistas de Chile A.G., Consejo Regional Concepción. Año I, N°1, agosto, 1986. Entrevista al poeta Juan Carlos Mestre, Premio Adonais de España, por Carlos Meissner Grebe. Págs. 24 a 27.
[51] Este Concurso fue organizado por la Secretaría Regional Ministerial de Gobierno de la Octava Región y la Universidad de Concepción en el marco del Encuentro Nacional de Escritores en el Bío-Bío. En el diario “El Sur” del 19 de octubre de 1993, leemos: “En tu hermosa materia”, de Alexis de Crayencour, pseudónimo usado por el escritor penquista Tulio Mendoza, es el poemario que obtuvo el Premio Único en el Primer Concurso Nacional de Poesía Premio Ripley. La designación fue unánime. El jurado, compuesto por Ramón Riquelme, María Nieves Alonso y Ricardo Mahnke, destacó de esta obra su madurez, su lenguaje esteticista, pero no sobrecargado, y su carácter multicultural, entre otras características. El premio consiste en 300 mil pesos y la publicación de una selección del trabajo en la Antología del Encuentro Nacional de Escritores en el Bío-Bío, evento en cuyo marco se desarrolló este certamen. El estímulo incluye además la invitación, con los gastos pagados, al Encuentro que se realizará la primera semana de noviembre.
La decisión fue dada a conocer ayer a El Sur, a momentos de haber concretado su elección, por el jurado y Norma Sierpe, quien actuó como observadora en calidad de Jefa de la entidad organizadora: el Departamento de Cultura de la Seremi de Gobierno de la Octava Región. El concurso tiene sólo un premio, pero debido a la presentación de textos de destacado nivel el jurado decidió otorgar menciones de reconocimiento a cinco obras. Son ellas: “La rosa del mundo” de Javier Bello, de Santiago; “Taxi Driver”, de Egor Mardones, de Tomé; “Crónica y Angel homosexual”, de Héctor Mardones, de Concepción; “Todos los poetas están en el destierro”, de Sergio Mansilla, de Osorno; y “Zozobras completas”, de Eduardo Llanos, de Santiago.
Al evaluar el concurso, en el que participaron 78 autores de Arica a Chiloé...”
[52] Entrevista a María Nieves Alonso Diario “El Sur, Concepción, Chile, 19 de octubre de 1993.
[53] Idem nota 5.
[54] Paz, Octavio. La llama doble, Amor y erotismo, Seix Barral, Biblioteca Breve, Buenos Aires, Argentina. Tercera reimpresión, 1996.224 págs.
[55] Correo electrónico enviado por Antonio Skármeta el domingo 14 de enero de 2007 (reproducción con autorización del escritor).
[56] Bedezco, Leo (seudónimo de Carlos Iturra): “Tulio Mendoza y la carne de la poesía”, en: “Tu tiempo” N°689, diario “El Sur”, Concepción, sábado 27 de enero de 2007, p.14.
[57] Cid, Jorge. “Tesitura nueva: palabras acerca de En tu hermosa materia de Tulio Mendoza Belio” (inédito).
[58] Paz, Octavio. Árbol adentro, Editorial Seix-Barral, Barcelona, España, 1987. Pág. 177.
[59] Lihn, Enrique. Diario de muerte, Editorial Universitaria, Colección Fuera de Serie, Santiago, Chile, 1989. 84 págs. Textos reunidos y transcritos por Pedro Lastra y Adriana Valdés. En la Nota preliminar de estos autores, leemos: “Como se sabe, Enrique Lihn se declaró, desde La pieza oscura, a favor de lo que reconocía como una “poesía situada”, y describió esos términos de manera muy precisa como la relación del texto con la circunstancia de sus enunciados.” pág. 11.
[60] Rycroft, Charles. Reich, Ediciones Grijalbo, Barcelona-México, 1973. Traducción de Albert Roies. 161 págs. Pág. 60.
[61] Panero, Leopoldo María. Programa de Hispavisión, TVE, S.A., 1991. Dirección y realización de Roberto Molinos.
[62] Idem nota 36, p.100.
[63] Cernuda, Luis. Antología poética, Alianza Editorial, Madrid, España, 1983. Pág. 176. Introducción y selección de Philip Silver.
[64] Idem nota 5, p.60.
[65] Idem nota 5, texto en solapa del libro.
[66] Mendoza Belio, Tulio. Lectura poética de seis años: 1982-1988, Colección “La palabra dicha”, caset, Ediciones Etcétera, Concepción, Chile, 1989. Aquí aparece la primera parte de Opus pagana en una grabación en vivo realizada en un acto de presentación en el Instituto Chileno-Británico de Cultura de Concepción, el 2 de diciembre de 1988.
[67] Idem nota 28, poema “Palabras del oscuro”, p.113.
[68] Idem nota 48.
[69] Idem nota 45: Jiménez, José Olivio. “La poesía de Luis Antonio de Villena”, pp.7-54.
[70] González-Urízar, Fernando, El mundo poético de Javier Vergara Huneuus, Discurso de Incorporación de D. Fernando González-Urízar a la Academia Chilena de la Lengua, el 25 de septiembre de 1978. Instituto de Chile, Academia Chilena de la Lengua, Editorial Universitaria, 1981.
[71] Mistral, Gabriela. Antología de poesía y prosa de Gabriela Mistral. Compilación y prólogo de Jaime Quezada. Ministerio de Educación/Fondo de Cultura Económica, Colección Tierra Firme, Primera reimpresión, Santiago de Chile, 1998. Poema “Madre mía”, pp.179-182.
[72] Mendoza Belio, Tulio. Puerta del Ser, Ediciones Etcétera, Concepción, Chile, 1991.
[73] Scarpa, Roque Esteban. “Discurso de Recepción a D. Ernesto Livacic Gazzano”, 5 de diciembre de 1983, Boletín Academia Chilena, N°66, Santiago de Chile, 1985, pp.373-379
[74] Navarro Chaúra, Alicia. Poema “He aprendido”, en: Contraolvido, Ediciones Etcétera, Concepción, Chile, 2006, p.19.
[75] Trejo, Guillermo. Elegía del ángel, Ediciones Etcétera, Concepción, Chile, 1993.
[76] Idem nota 25.